El jueves tardó en llegar, tanto que se vistió de sábado, la liberación de adrenalina hacia que se me erizara la piel del miedo que da pensar en llegar y que no haya nadie alli esperando. Pero ahí estaba yo caminando a mil deseando que el tiempo se haya suspendido y que al encontrarnos él no haya notado nada...
Para mi suerte estaba ahi sentado escuchando alguna pieza que le convencía de no levantarse e irse, en lo que más pensé fue: "Yo que él me iba a la mierda". Pero no fue así, sin ir más lejos sabíamos dónde debimos ir, la hora que paso lo hizo reflexionar en... "que carajos estuvieron pensando mis viejos en criarme tan honesto".
Los segundos pasaban y la noche se prestaba para conversar y sólo conversar el porqué de las cosas para que sólo nos dejase la incógnita de... "y dónde nos metimos en todo éste tiempo". Fue una de las primeras veces en mucho tiempo que me sentí en completa compañía.
Cada tema el cual abordaba, porque para aclarar quien más habló fui yo, él sin temor lo analizaba y sacaba sus propias conclusiones, y con eso les cuento queridísimo lectores, es lo que han de necesitar para destacar una buena primera cita.
La conversación se pausaba de a ratos, porque el sushi también te demanda tiempo, para conocerlo para descubrir cada sabor, cada textura, cada aroma. Él mostró un increíble interés a nuevas experiencias, y una fantastica predisposición a todo lo que llega en su vida.

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